30 de noviembre de 2025
Volver a nuestras raíces
30 de noviembre de 2025
Volver a nuestras raíces
El pasado día 25 de noviembre se celebraba el día internacional contra la violencia contra la mujer. Así, a priori, parece una iniciativa loable como puedan ser otras, pero viendo en la práctica el uso que el progresismo woke hace de él, a uno le comienzan a asaltar numerosas dudas.
Lo cierto es, en esta sociedad de la modernidad paleoprogre, anestesiada y cobarde, este tipo de acciones y sus representaciones a base de coreografías, lemas ridículos y batucadas, no pasan del mero postureo. Ya me dirán lo que pinta, cuando lo que se denuncia es la violencia contra la mujer, ese ritmo machacón e insoportable, pretendidamente festivo, que tienen las batucadas.
Lógicamente, si en algo son expertos los movimientos feministas oficiales, como apéndices de primera línea del movimiento woke, son en repetir, de la misma forma machacona que la puñetera batucada, toda una serie de mantras, mitos, lemas y consignas que pronuncian como loritos. La verdad es otra muy diferente, ya que hasta el mismo concepto de "violencia de género", esconde una intención que no encaja con nada veraz.
No se trata tampoco, como quieren hacernos creer, que negar el concepto de ideología de género signifique negar la violencia contra la mujer. No es un problema tampoco de cifras, sino meramente conceptual. Y el concepto de violencia de género, englobado dentro de un concepto más amplio, como es el de la "ideología de género," lo que esconde en su génesis es la pretensión de hacernos creer que en las relaciones entre personas, la violencia es unidireccional y solo es ejercida por el hombre, a quien se le otorga un papel de maltratador "per se", que mata mujeres por el mero hecho de ser mujeres.
Si esto fuera así, en los centros de enseñanza, en las calles, en cualquier centro público, en cualquier empresa privada, en las ciudades, en los pueblos, en trenes, aviones, centros de ocio y en cualquier contexto que se nos ocurra, donde la coexistencia entre los dos sexos es total, el número de víctimas sería incontable. Pero ya sabemos el poder que otorga a lo que Agustín Laje denomina como "la absurda autopercepción que constituye la realidad" como define al cúmulo de disparates que impone esta ideología de género, cuando a sus voceros se les riega con ingentes cantidades de dinero y se le brinda un enorme poder político.
La verdad es que en pocos aspectos se va más claro la hipocresía de este mundo woke, diseñado en las altas esferas del globalismo y ejecutado por esta izquierda mamporrera, que en el tema de la igualdad. Porque la mujer como tal y su seguridad, a las Montero, Fallarás, Belarra, Alegría o Díaz, les importa directamente un pimiento si esa mujer es igual de víctima, violada, vejada o asesinada como las demás, pero lo es siendo víctima de quienes no interesan para así conseguir mantener el discurso oficial que a ellas les interesa.
Ninguna de las que se manifestaron el otro día en ese día internacional contra la violencia contra la mujer, lo hicieron en defensa de Eva María, una pobre mujer, secuestrada, violada y hasta torturada con un soplete en Alicante, por la sencilla razón de que los criminales eran un grupo de ocupas argelinos. Ni lo hicieron en solidaridad con la pobre chica violada por otra manada en Pamplona, dentro de un estercolero usado como campamento o asentamiento ilegal, exactamente por la misma razón de que los violadores no eran un grupo de españoles, sino de argelinos. Ejemplos como estos podemos encontrarlos, por desgracia, cada vez más numerosos.
En el colmo de la estupidez y del cinismo, a esta hipocresía se sumaba el otro día, la periodista y sectaria "progre" Gemma Nierga, quien manifestaba que tenía como sueño que en los premios Onda pronto se premiase a un Mohamed, Salma o Ousman. La respuesta es muy sencilla, Gemma. Sal de la lujosa casa donde moras, date una vuelta por determinados barrios de cualquier gran ciudad, de esos donde la multiculturalidad es bastante palpable a simple vista y comprenderás in situ como para los Mojamés y compañía, la aspiración a ganar el premio Ondas o el Planeta, no pasa por ser, digámoslo de manera fina, una prioridad.
Si el mundo progre feminista quiere seguir soñando y pensando que la sociedad multicultural llegará a funcionar algún día, ya espabilarán. El problema será el número de pobres desgraciadas que caerán bajo todas estas manadas tercermundistas mientras las progres de salón, pancarteras y ministras les llenan al resto, a ritmo de batucada, la cabeza de pájaros, invitándolas a indignarse contra la simple galantería, mientras tapan de manera asquerosa, las fechorías y los delitos, cuando quienes las cometen no son españoles, sino moritos.
Pocas amenazas se ciernen más terribles sobre la mujer occidental a día de hoy que la llegada masiva de personas del tercer mundo provenientes y, lo que es peor, portadores de "culturas" donde la mujer es un absoluto cero a la izquierda. Si a sus propias mujeres, madres e hijas las tienen sometidas sin contemplaciones, cuesta poco pensar qué harán con las occidentales. La inmigración masiva, tal y como expresa Gonzalo Rodríguez en sus diatribas frente a la sociedad moderna, es irracional y autodestructiva. Así que, frente a esa pretensión globalista de llenar occidente de millones de individuos abstractos e intercambiables, con todo lo que ello supone, solo queda volver a nuestras raíces.
José Luis Morales