21 de diciembre de 2025
Multiculturalidad
21 de diciembre de 2025
Multiculturalidad
Hace unos días, El Español, periódico digital que dirige Pedro J Ramírez, publicaba un artículo en el que retrataba la manifiesta soledad del Gobierno de Sánchez, dentro de la Unión Europea, empecinado en la defensa de un modelo de inmigración, que contrasta con el giro que el resto de gobiernos está tomando al respecto; giro basado en el modelo inspirado en la política migratoria de Meloni, que aboga por la creación de centros extracomunitarios de deportación como solución a las interminables oleadas de inmigración, en especial, a las llegadas a través del Mediterráneo.
También es cierto que, al margen de la desastrosa gestión del gobierno de Pedro Sánchez, en este y en prácticamente cada tema que toca, ese giro en la política migratoria europea, hemos de verlo y analizarlo con la suficiente cautela. De hecho, el mismo diario digital siempre ha abogado por defender la inmigración masiva y criminalizar a todo aquel que se opone a ella, algo que comparte con la inmensa mayoría de medios.
Da la impresión de que todo obedece a una maniobra destinada a frenar el auge de lo que estos medios del sistema califican de partidos de ultraderecha, algo que hacen copiando literalmente parte de su mensaje, como si no hubiesen sido, precisamente los diferentes gobiernos occidentales europeos con el espaldarazo y beneplácito de sus medios de desinformación, los responsables directos de haber impulsado este problema, ayudando a traerlo a nuestro territorio con todo tipo de políticas buenistas, pero suicidas.
Lo que es incuestionable es que, en pocos aspectos como en el de la inmigración, es más contrastable la lejanía que existe entre lo que hace nuestra clase política, y los intereses de los ciudadanos. Siempre que hay un tema importante encima de la mesa, la clase política actúa y decide en función de sus propios intereses. Lo que puedan necesitar o demandar, no solo la ciudadanía a nivel general, sino incluso los intereses de sus propios votantes, es algo que se las trae al pairo a todas las formaciones que operan dentro del sistema.
Lo estamos viendo con el desalojo de los ocupas del instituto de Badalona. A las críticas de la clase política pro inmigración no han tardado en sumarse todo tipo de personajes, desde determinados cargos en la ONU, a quienes resulta increíble que se pueda perseguir a verdaderos delincuentes, hasta la mismísima Conferencia Episcopal, que vuelve una vez más, a manifestarse favorable a este despropósito migratorio, quizás con la intención de seguir congraciándose con este gobierno, abierta y radicalmente anticatólico, con tal de que les mantengan los conciertos educativos, o incluso, quién sabe si algún que otro secreto.
Pero hagamos por un momento un ejercicio de simulación, planteando una situación hipotética pero, en absoluto, descabellada. Imaginemos que no se hubiese desalojado dicho instituto ocupado ilegalmente en Badalona, en su mayoría, por inmigrantes en situación irregular, y que la noticia hubiera sido que dada la penosa situación del edificio, este se hubiese derrumbado sobre sus ocupantes, causando numerosas víctimas. A estas horas, los mismos que se manifiestan ahora contra el alcalde, acusándolo de racista y desalmado, por dejar a tanta gente a la intemperie, estarían manifestándose contra el mismo edil acusándole de lo contrario, es decir, de haber permitido malvivir a numerosas personas en tan insalubres y penosas condiciones. Cosas de la hipocresía de la izquierda.
Por supuesto, todo lo relativo al foco de delincuencia generado por dichos ocupas, no parece preocuparles a quienes critican el desalojo desde la comodidad del sillón que ofrece una casa situada en barrios donde la "agenda cultural multicolor"no ha hecho aún su aparición. Porque la verdadera víctima que genera esta invasión multicultural no es otra sino la población trabajadora autóctona, a la que la misma clase política que votan, les está llenando las calles de una galopante y creciente inseguridad con el único objetivo de servir los intereses de unos amos que, por supuesto, viven también muy lejos, evitando sufrir in situ los "beneficios" de la multiculturalidad.
Pruebas de esto tenemos, por desgracia, a diario. Anteayer, sin ir más lejos, en el populoso barrio zaragozano de Delicias, se producía el enésimo enfrentamiento a golpe de machete entre grupos de jóvenes inmigrantes, contradiciendo, una vez más, esa pueril visión del gobierno español, que mantiene que, a mayor inmigración, más riqueza, uno de tantos mantras que no guardan ninguna relación con la realidad.
Por ello, resulta increíble la cantidad de personas que todavía siguen pensando en otorgar su voto a unas candidaturas que, al margen de robar a manos llenas, han convertido barrios enteros en ghettos multiculturales donde salir a la calle a determinadas horas, supone todo un riesgo, especialmente para ancianos, mujeres y niños.
Lo peor de todo es que, a pesar de que cada vez más personas terminan por abrir los ojos, ya vamos tarde para poder ofrecer una solución factible y razonable al problema, no solo por lo absurdo de estas políticas suicidas de puertas abiertas, sino por la enorme fuerza demográfica de todas estas "culturas" provenientes del Tercer Mundo, frente a, como diría Paloma Hernández (Fortunata y Jacinta), nuestra desnatalizada y descristianizada España.
José Luis Morales