11 de enero de 2026
Europa es irrelevante
11 de enero de 2026
Europa es irrelevante
En un mundo como el actual, donde los acontecimientos se suceden a una velocidad cada vez más vertiginosa y desenfrenada, hay ciertos aspectos como todo lo relativo a la geopolítica, que resultan imprescindibles para tratar de conocer, aunque sea a grandes rasgos, cuales son las líneas generales y los porqués que se esconden tras determinadas medidas o políticas, alejadas del simplismo de los medios de comunicación oficiales y su caterva de tertulianos.
La irrupción de Donald Trump, en este su segundo mandato, para bien o para mal, está sirviendo para la escenificación de una reconfiguración del orden internacional donde cada una de las grandes potencias: Estados Unidos, Rusia, China ( y no nos olvidemos de India) tratan de imponer sus estrategias y políticas, nos guste o no, con el fin de atender sus prioridades. Las de ellos y no las nuestras, al menos de manera directa, algo que el mundo patriota, bien en su versión europeísta o en la hispanista, debe tener siempre presente y no dejarse llevar por triunfalismos que luego derivan en frustración.
En lo que respecta a Venezuela, somos los primeros en celebrar que se deponga a un tipejo como Maduro. Como dice Gustavo Morales, "debemos mirar las cosas desde el prisma del interés de España".
Lo que también es cierto es que jamás ha dicho Donald Trump que haya intervenido con el fin de establecer allí un modelo de democracia similar al de los países occidentales. De hecho, son tropecientas las actuaciones que han llevado a cabo las diversas administraciones norteamericanas, anteriores a Trump, donde se han pasado la democracia por el forro y han quitado o aupado a un determinado dirigente o destrozado países enteros en función de sus únicos y exclusivos intereses. Intereses que, por otro lado, han beneficiado más a determinadas élites y grupos financieros que al pueblo norteamericano en sí, sobre todo en la era Obama-Biden. La diferencia es que, al menos Trump, lo expresa abiertamente, sin disimulo alguno.
Pero no es la intención de este editorial el de juzgar las políticas norteamericanas sino, lisa y llanamente, denunciar lo que es una realidad más que evidente: la constatación de la absoluta inoperancia, ineficacia e irrelevancia de Europa occidental. ¿Cuál es el papel que tiene o desempeña Europa en este nuevo orden? La respuesta es obvia: ninguno. Ese es el verdadero problema. Nuestro verdadero problema. Así lo expresaba Marc Vidal en uno de sus recientes vídeos, en el que mencionaba aquella frase de Tucídides cuando expresaba que "los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben". Mejor expresado, imposible. Y en este mundo de contrastes, de maniobras, estrategias y luchas entre débiles y fuertes, el viejo continente, la Europa de Carlos I, Napoleón, Fernando el Católico, Julio César o Carlomagno, ha terminado por convertirse en una mera burocracia que se dedica a avasallar a sus ciudadanos a base de imposiciones, mientras ha desatendido de manera funesta, lo que debería haber sido una prioridad vinculada a la soberanía: la capacidad de defenderse.
Así que, esa desatención y el único plan, prácticamente desde 1945, de depositar en manos de los Estados Unidos y de su mamporrero oficial, la OTAN, nuestra defensa y seguridad, han desembocado en este actual despropósito. Porque no deja de ser una tremenda y curiosa paradoja la que se está desarrollando en la Unión Europea. Estos días, son varios los países, sobre todo, los países escandinavos, los que están tratando de hacer piña frente a la amenaza norteamericana de ocupar Groenlandia, una vez se ha comprobado que las bravuconadas expresadas por Donald Trump, tienen bastantes posibilidades de ponerse en práctica. Si no, que se lo digan a Maduro que, en unas horas, pasó de estar en su cama contando opositores para poder dormir, a verse entrando en Nueva York con la misma "seguridad" y temple de quien es acompañado a casa por los "amiguetes" cuando te has pasado con los cubatas.
Pero no nos desviemos del tema. Hablaba hace un momento de paradoja. Justo cuando llevamos meses, en los que los principales dirigentes europeos han estado, a base de inculcar miedo, sembrando la idea de endeudarnos en una costosísima carrera armamentística con el fin de embarcarnos en una guerra contra Rusia, resulta que, de repente, se cierne la amenaza contra Groenlandia, pero desde nuestro querido "aliado". Es decir, la amenaza de los todopoderosos norteamericanos y sus marines, frente a la diminuta y pacífica Dinamarca. Lo podemos plantear de otra forma. ¿Qué ocurriría si nos endeudamos hasta el cuello en armamento comprado a los norteamericanos para frenar una supuesta agresión rusa y luego resulta que no son rusos, sino norteamericanos, quienes acaban ondeando su bandera sobre territorio europeo en contra de nuestra voluntad?
Otra hipotética situación que no podemos tampoco desdeñar ¿Qué ocurriría si mañana nos levantamos viendo en directo por televisión que Marruecos lanza una nueva marcha sobre Ceuta, Melilla o las mismísimas Canarias, con el previsible visto bueno del Pentágono y la tecnología israelí a su disposición? ¿Qué haría la Unión Europea? ¿Y qué haría el gobierno? ¿Parar de nuevo la vuelta ciclista a España como protesta? ¿Consultarlo con Otegui y Junqueras para obtener su bendición?
Insistimos en que el verdadero problema lo sigue teniendo Europa. Porque mientras Estados Unidos, Rusia y China tratan de colocar sus peones de manera estratégica a lo largo y ancho del planeta ¿A qué se dedica o se lleva dedicando la otrora poderosa Europa occidental? Nuevamente la respuesta es obvia, pero igualmente estremecedora. Pues a imponer determinadas agendas globalistas a través del miedo y el catastrofismo, a difundir entre generaciones enteras un pacifismo rancio que no lleva a ninguna parte, a mutilar gravemente la natalidad de los autóctonos, a proteger legalmente a miles de delincuentes, a desterrar el patriotismo del alma de los europeos y, para colmo, a propiciar la llegada de millones de desarraigados procedentes del Tercer Mundo. Justo lo contrario de lo que tendría que hacerse.
Claro está, que a lo mejor, este buenismo que nunca se ha enterado de qué va el mundo real, piensa que, llegado el momento del conflicto, estas mismas masas interminables procedentes de la inmigración van a alistarse en los ejércitos para defender las naciones que los acogen con el mismo entusiasmo y determinación con la que acceden a todos los servicios que ponemos a su disposición y de manera gratuita, desde el momento en que ponen pie, en suelo europeo. ¡Qué ilusos!
Mal pinta para los europeos un futuro que ya no parece tan lejano. Y mientras Trump piensa en las ventajas económicas, geoestratégicas, militares y comerciales de disponer del control de Groenlandia, aquí el "problema" es que un político se ha pintado la cara para representar a Baltasar o que un torero ha dicho en voz alta lo que piensa. En esas sandeces estamos. Lo que resulta primordial es que si queremos cambiar las cosas, a la camarilla política y tecnócrata que nos ha llevado a esta situación, hay que desalojarla del poder antes de que sea demasiado tarde.
José Luis Morales