La dama duende (III)
Comedia de Pedro Calderón de la Barca
La dama duende (III)
Comedia de Pedro Calderón de la Barca
Doña Ángela, en su afán por mantener un amor secreto dentro de la casa de sus protectores, sus hermanos, ha creado una ingeniosa intriga.
Con la ayuda de su prima Doña Beatriz, urde complejas tramas y disfraces para comunicarse con un galán sin comprometer su honor, utilizando para ello un pasadizo secreto y el ardid de la "Dama Duende". El punto álgido se alcanza cuando Don Manuel atrapa a Ángela en su cuarto, y ella usa un lenguaje místico para manipular su miedo y asegurar su huida, manteniendo vivo el misterio. La escena contrasta la noble pasión de los amantes con el terror cómico del criado Cosme, quien interpreta todos los eventos como prueba de la existencia de un fantasma, enfatizando la confusión entre superstición y realidad.
Jornada Tercera. El secreto de la Dama Duende revelado
La Jornada Tercera comienza con el regreso de Don Manuel del Escorial, listo para el encuentro prometido con la Dama Duende. Guiado por Isabel, llega a un lugar desconocido, un “portal de horror, / lleno de sombra y temor”. Don Manuel relata el contenido de la nota que recibió: debía encontrarse con una silla y dos hombres en el “cimenterio (extraña / parte) de San Sebastián”. Al final, fue conducido a oscuras, “sin oír, hablar, ni ver”, a través de varios aposentos hasta que ve una luz.
Finalmente, Don Manuel logra su objetivo: ve a Doña Ángela ricamente vestida. Ella le explica que sus hermanos creen que ha vuelto a su casa, lo que permite que el encuentro se realice. Don Manuel, deslumbrado por su belleza, la corteja con elevadas figuras poéticas, comparándola con fenómenos celestes, concluyendo que ella es “el día / que amanece sin el sol”. Ángela, sin embargo, rechaza esta exageración, alegando que un halago tan intenso le resulta sospechoso. Ella se niega a ser “alba, aurora o sol, pues hoy, / ni alumbro, río, ni lloro”, insistiendo en que es simplemente una mujer a quien él ha obligado al extremo que mira.
El quid del misterio se establece cuando Don Manuel, ofendido, le reprocha no confiar en él con su identidad. Ángela establece entonces su famosa condición: él debe aceptarla como un enigma y no preguntar quién es. Le advierte que, si se revela, su amor podría cesar, comparándose con un cuadro que bajo diferentes luces cambia de forma: “cuando a otra luz me veáis, / quizá me aborreceréis”. Ella solo confirma una cosa: su juramento de que no es la dama de Don Luis.
La aparición de Doña Beatriz, su cómplice disfrazada de criada, revela accidentalmente la nobleza de Ángela al llamarla “Vuecelencia”. Don Manuel concluye que la dama es una gran señora encubierta. Sin embargo, la revelación se interrumpe abruptamente con la llamada de Don Juan. Ángela, presa del pánico, miente a Don Manuel diciéndole que su hermano es “mi esposo es aqueste”, y lo obliga a esconderse en un “retrete”. Don Juan entra, reprocha a Ángela sus galas y se va a buscar a Beatriz, creyendo la mentira de que se había marchado.
Mientras Don Manuel se esconde, su criado Cosme regresa a lo que cree es su aposento. Don Manuel emerge brevemente, pensando que está en una casa extraña. En la oscuridad, choca con Cosme. Ambos quedan confundidos; Don Manuel pregunta dónde está, y Cosme, aterrorizado, explica que es el aposento de un demonio llamado “la Dama Duende, / que es un demonio en figura / de mujer”. La confusión culmina cuando Cosme identifica a su amo como “Don Manuel Enríquez”, y ambos se dan cuenta de que están en la habitación de Don Manuel, lo que Cosme atribuye a las artes del duende.
Poco después, Isabel, que busca a Don Manuel para devolverlo con Ángela, toma por error a Cosme y lo lleva a la sala de la colación. Don Manuel, perplejo por la desaparición de Cosme, se esconde en una alcoba para averiguar el secreto del duende. En la sala, Ángela, Beatriz e Isabel (quien trajo al criado por error) deciden seguir la farsa. Cosme, al ver las bellezas y los dulces, se anima e incluso cuenta una larga anécdota cómica sobre un demonio disfrazado en “cota y nagua”.
La escena de burla es interrumpida por la entrada de Don Luis, quien sospecha del ruido y la presencia de dulces. Cuando Don Luis aparta la alacena, descubre el pasadizo. Don Manuel, saliendo de su escondite, es descubierto por Don Luis, quien lo acusa de ser un “Mal caballero, villano, / traidor, fementido huésped”. Don Manuel acepta el duelo, aunque está totalmente confundido, y afirma que su vida “hecha a prueba de crüeles / fortunas, es inmortal”. Don Luis insiste en la verdad. Tras enviar a Cosme a esconderse, comienza la lucha, y Don Manuel desarma inmediatamente a Don Luis. Don Luis, cortésmente, se retira a buscar otra espada.
En ausencia de Don Luis, Don Juan entra en el cuarto y deja a Ángela allí, quien había salido de casa y regresado sin zapatos (sin chapines), mientras él investiga. Ángela aprovecha la oportunidad para hacer su confesión a Don Manuel. Le revela que Don Juan es su hermano y que el juego del duende fue un acto de amor y necesidad: “Por haberte querido, / fingida sombra de mi casa he sido”. Ángela explica detalladamente cómo Don Juan la tiene confinada y le ruega a Don Manuel: “que mi daño repares, / que me valgas, me ayudes y me ampares”.
Don Manuel se enfrenta a un dilema de honor: si defiende a Ángela, traiciona la hospitalidad de Don Luis; si la entrega, es un villano. Resuelto a protegerla, le ordena que se ponga a sus espaldas.
Don Luis regresa, ve a su hermana, y la llama “¡Traidora!”. Don Manuel interviene y confiesa que ya sabe que es la hermana de su amigo. Le asegura que la pondrá a salvo para que el duelo pueda continuar después. Ante tal prueba de gallardía y honor, Don Luis se rinde, declarando que solo buscaba la espada para postrarla a sus pies. Finalmente, Don Luis resuelve la crisis al declarar que Ángela sólo dejará su casa para ser la esposa de su ofensor: “Esa mujer es mi hermana: / no la ha de llevar ninguno / a mis ojos, de su casa, / sin ser su marido”. Don Manuel acepta de inmediato y le da la mano a Ángela. Don Juan entra y se ofrece como padrino, mientras Cosme y Isabel se unen a la boda, feliz de que el misterio del duende haya sido resuelto.
Blas Molina